HOY TODOS NOS PREGUNTAMOS QUÉ VA A SUCEDER CON EL PERÚ.
Una reflexión personal sobre el Perú, la política y el deber ciudadano
“No se trata de izquierda o derecha, se trata de hacer lo correcto por el país.”
En este contexto electoral, vemos con preocupación cómo las elecciones congresales se han convertido en un escenario de profunda crisis política y social, donde la ciudadanía percibe cada vez más distancia entre sus necesidades reales y quienes aspiran a representarlas. Existe una sensación creciente de desconfianza hacia el sistema político, donde muchos sienten que el poder está siendo capturado por intereses particulares, redes de influencia y, en algunos casos, por personas que no representan una verdadera vocación de servicio.
Esto nos lleva a una pregunta inevitable: ¿dónde quedó la política como servicio a la ciudadanía?
Mi reflexión no nace de la nada, sino de una historia que viene de generaciones. Mis bisabuelos fueron simpatizantes del APRA, influenciados por las ideas de APRA y el pensamiento de Víctor Raúl Haya de la Torre. En ese tiempo, la política era entendida como una lucha por la justicia social, por la organización del pueblo y por la defensa de los más humildes. Esa memoria política pasó de generación en generación y formó parte de la identidad de mi familia.
Mi abuela fue quien más me marcó con esas historias. Ella me contaba sobre su vida, sobre cómo la política siempre estuvo presente en su entorno, y sobre los cambios que vivió el país en distintas épocas. También recordaba con claridad el gobierno de Juan Velasco Alvarado, a quien describía como una figura compleja, pero que impulsó reformas importantes en favor de los trabajadores. Para ella, a pesar del contexto de una dictadura, existía la percepción de que el Estado podía intervenir en favor de las clases populares. Todas esas historias me acompañaron desde muy pequeño y moldearon mi forma de ver el país.
Recuerdo que mi primer acercamiento a la historia fue a través de los libros. Mi primer libro fue sobre la historia del Perú y la conquista, y desde entonces nació en mí la curiosidad por entender mi país. Mi abuela era quien me recogía del colegio y me preguntaba qué había aprendido. Ella no solo escuchaba, sino que me impulsaba a pensar. Fue una de las primeras personas que me acercó a la historia y, sin saberlo, a la política.
Mi madre también fue fundamental en mi formación. Ella siempre me enseñó que se debe hacer el bien sin esperar nada a cambio, que la honestidad no necesita ser anunciada y que los valores se demuestran en la vida diaria. También me enseñó la importancia de la responsabilidad y de mantener una vida equilibrada, recordándome incluso cuidar mi salud. Esas enseñanzas me formaron con una base ética sólida.
Soy la primera generación profesional de mi familia. Logré ingresar a la universidad nacional, donde me formé académicamente y también participé en espacios de reflexión política. La universidad no solo me dio conocimientos, sino también una comprensión más profunda de las desigualdades del país y de la realidad que viven las clases populares.
Durante la pandemia, decidí crear contenidos en plataformas como YouTube y TikTok para difundir historia y reflexión social. Sin embargo, con el tiempo comprendí que la difusión de ideas no era suficiente para generar los cambios estructurales que el país necesita.
He tenido la oportunidad de observar y acercarme a distintos espacios políticos, desde corrientes de izquierda, centro y otras posiciones. Esa experiencia me permitió entender que el problema del país no se reduce únicamente a ideologías, sino a prácticas, valores y ética de quienes participan en política. En todos los espacios existen aciertos y también profundas contradicciones.
Por eso hoy sostengo una idea clara: el Perú no necesita más extremos ideológicos, sino ciudadanos con ética, preparación y compromiso real con el país.
Hoy me encuentro en una etapa de reflexión y decisión. Podría continuar una vida cómoda en la docencia universitaria o en la educación, pero siento que eso no es suficiente frente a la realidad del país. Creo que el verdadero cambio debe también involucrar las estructuras del poder, especialmente el Parlamento, donde se toman decisiones fundamentales para el futuro del Perú.
En ese sentido, mi intención es clara: postular a la Cámara de Diputados, no como una búsqueda de poder personal, sino como un compromiso ciudadano para aportar a una política más ética, transparente y cercana a la población.
Mi propuesta es una política independiente, ética y austera, sin compromisos con intereses particulares y con verdadera cercanía a la ciudadanía. Una política donde el servicio público sea realmente servicio y no privilegio.
Creo en la necesidad de un Parlamento más transparente, más eficiente y más conectado con la realidad del país, donde el ejercicio político no sea un privilegio sino una responsabilidad.
Este no es solo un análisis político, sino una historia personal, familiar y generacional. Es el resultado de lo que he vivido, escuchado y aprendido desde niño.
Y es también una decisión: no quedarme indiferente.
Creo firmemente que el Perú puede cambiar, pero ese cambio solo será posible si más ciudadanos deciden actuar con honestidad, responsabilidad y compromiso real.
Hoy elijo creer que todavía es posible hacer política con manos limpias. Y si estás leyendo esto, te invito a reflexionar y a creer que un país distinto es posible.